Durante la década de los 80’s, la deuda externa contraída por el Estado Mexicano
incrementó significativamente. Datos del Banco de México (Banxico) estiman que la
deuda ascendía, en 1982, año en el que la crisis económica se experimenta con
mayor intensidad, a un billón seiscientos sesenta mil cien millones de pesos, de los
cuales, 10,879 millones de dólares fueron pagados por concepto de intereses
(29.8% más que en 1981).Las causas que llevaron a México a tener una deuda
externa tan elevada fueron tanto domésticas como internacionales.
Dentro del ámbito de las causas domésticas se puede mencionar el crecimiento de
las filas burocráticas durante el gobierno de López Portillo, crecimiento que no sólo
redujo significativamente los ingresos petroleros sino que generó más deuda para
poder sufragar los gastos de mantenimiento del excesivo aparato burocrático. En
este sentido, el Banxico estima que durante 1983, las erogaciones por servicios
personales (gastos generados por el mantenimiento del aparato burocrático,
principalmente) fueron de 1,164.2 miles de millones de pesos.
Con respecto a las causas internacionales, el decrecimiento el precio del barril de
petróleo experimentado durante los 70’s hicieron que el punto fuerte de México, el
petróleo, no generara las ganancias esperadas y, por lo tanto, no pudiera ingresar
las cantidades de dinero necesarias para sufragar los gastos del país. Asimismo, el
incremento en la tasa de interés por parte de Estados Unidos hizo que, como se
observó anteriormente, México pagara año con año mucho dinero por concepto de
intereses y no de la deuda en sí.
El aumento de intereses perjudicó a la economía mexicana gravemente. Según
Jiménez, “sólo con el aumento de éstos del 1%, México tenía que pagar anualmente
por concepto de intereses 323 millones de dólares”. Esta situación dejó al país, por
mucho tiempo, en una situación de dependencia y de control por parte de los
intereses norteamericanos
Para 1982 casi todos los países latinoamericanos y caribeños habían sido afectados
por la más profunda y prolongada recesión económica de los últimos 50 años.
Aunque fuerzas externas fueron determinantes en el agravamiento de la crisis, otros
factores no menos importantes actuaron, como por ejemplo la inconsistencia en el
manejo de políticas económicas, especialmente en cuanto a la adopción de medidas
que favorecieron, sin previsión, altos niveles de endeudamiento externo; la
desorbitada expansión del gasto doméstico en varios casos, y las políticas de
estabilización de precios basadas en el manejo casi único de las tasas de cambio.
A esos aspectos deben agregarse los correspondientes a los métodos de
liberalización financiera, los cuales mantuvieron las tasas de interés muy altas
durante prolongados períodos de tiempo, afectando de esta manera la formación de
capital de inversión directa en los países.
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